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El Evangelio Hoy: Los poderosos suprimen la ley

Jesús libre y categóricamente, sin ideologías ni intereses mezquinos aclara la ley y la lleva a su perfección ante sus autoridades corruptas.

Morelia, Michoacán, 16 de febrero de 2020.- En tu vida. Los líderes dicen aceptar la ley, en realidad la pisotean, la tuercen según su conveniencia.

Es la primera fuente de corrupción: no aplicar la ley o hacerlo de manera parcial y facciosa sólo a los de enfrente.

Dios habla. La Sagrada Escritura transmite una sabiduría, “pero no la sabiduría de este mundo ni de aquellos que dominan el mundo, los cuales van a quedar aniquilados” escribe Pablo. Es la sabiduría que predicamos aquí.

Dios hizo al hombre libre, en su vida muchas veces tendrá que elegir el bien y rechazar el mal. “Delante del hombre están la muerte y la vida… A nadie le ha mandado ser impío y a nadie le ha dado permiso de pecar”, se lee en el libro del Sirácide.

El Maestro divino aquí nos da los secretos divinos para vivir honesta y felizmente y llegar a Dios, nuestro destino definitivo. Si cumpliéramos su ley seríamos un pueblo sabio, viviríamos en un estado de derecho, tendríamos seguridad, empleo, servicios médicos. 

Siempre ha habido individuos que transgreden la ley tomando decisiones según su conveniencia. En el pueblo de Jesús, las autoridades corruptas eran hipócritas y apoyados en la Ley, entendida a su favor, eran autoritarios, arbitrarios y oprimían a los humildes.

El Evangelio de hoy es parte del sublime Sermón de la montaña, nuestra carta de identidad, afirma Francisco Papa, la expresión más alta de la Revelación. Ahí Cristo, sabiduría eterna de Dios hoy, lleva la ley a su perfección. “No crean que he venido a abolir la ley o los profetas, no he venido a abolirlos sino a darles plenitud.”. Realizarlos plenamente, traduce la Biblia de Jerusalén. Si cumplimos el Sermón de la Montaña seremos justos y seremos lo que Dios quiere.

Los hombres quebrantan los principios básicos de la ley divina, expresada por la ley natural: “han oído ustedes que se dijo a los antiguos: no matarás”. Cristo presenta una ley más fina, más exigente de la conducta humana. “Pero yo les digo: todo el que se enoje con su hermano… El que insulte a su hermano y el que lo desprecie será llevado al lugar del castigo”.

El Sermón de la Montaña explícita todas las exigencias del mandamiento del amor. En San Juan afirma: “este es mi mandamiento que se amen unos a otros, como yo los he amado”.

Aunque los vivillos afirman lo contrario, “dichoso el hombre de conducta intachable que cumple la ley del señor…”

El Señor defiende la santidad de las relaciones entre un hombre y una mujer. Desconoce como anti naturales y anti divinas las relaciones entre individuos del mismo sexo. Condena todo desorden: “quien mire con malos deseos a una mujer, ya acometió adulterio con ella en su corazón”. Lo mismo debe decirse de quien la mira en la pornografía, en los espectáculos de morbo y bajas pasiones.

El amor es sagrado, con una sola persona y para siempre, como lo han vivido nuestros papás y abuelos. “El que se divorcia… Expone a la mujer al adulterio, el que se casa con una divorciada, comete adulterio”.

El divorcio y el adulterio traen tanto sufrimiento a muchas personas, sobre todo a los hijos.

Vive intensamente. Es fácil ser persona de moralidad y excelencia, siguiendo a Cristo, cumpliendo sus mandamientos.

Cristo está aquí. Nos alimenta con la sabiduría de su Palabra y con el cuerpo y la sangre de su amor.

Proyecto Secreto: Debacle moral y social

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