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Proyecto Secreto: Cristo y el mundo nuevo

La victoria sobre la corrupción del gobierno es una farsa con una clase política inmoral y una sociedad corrupta hasta los huesos.

Morelia, Michoacán, 06 de abril de 2021.- VISTA PANORÁMICA

El presidente López ha declarado en repetidas ocasiones que él acabó la corrupción. Son declaraciones, tal vez para hacer sentir que es el presidente más grande de la historia. En la realidad sus declaraciones no equivalen a nada, son sólo buenos deseos, expresa sus sueños en un delirio de grandeza.

Hay que aprender la “nueva” corrupción. Es una podredumbre por la inmoralidad.

Algunos hechos. Arrancaron las campañas electorales, toda la retórica es una falsedad, fingimiento, mentira, no hay honestidad. Partidos y candidatos saben de sobra que están mintiendo, engañando, fingiendo, su divorcio con la verdad es evidente. Mentirosos y engañadores estamos viviendo en un juego perverso de corrupción, maloliente. A pesar de todo, hay quien sigue pensando que es un presidente puro y que venció la corrupción. No es puro ni dice la verdad.

Al tejido social no le queda parte sana.

Es criminal la campaña de polarización es una brecha sangrienta en el costado de México que va a ser muy difícil sanar.

Es criminal la traición a la verdad. Nadie tiene toda la verdad, nadie la crea, el presidente no la define, debe someterse a este valor, respetarlo. Sin verdad, convertimos al país en arenas movedizas y aguas negras.

UNA LUZ DE LO ALTO

En la Pascua de Cristo se vive la más grande batalla, decisiva contra la corrupción. Los poderosos corruptos recalcitrantes, campeones de la mentira y la crueldad, insoportables, satánicos libran la batalla a favor de la corrupción, como ahora.

Tenemos un gobierno que es más de lo mismo: es la misma gata nomás que revolcada de guinda. Es la misma clase política, los mismos actores corruptos que dejaron su partido y se fueron a MO..NA tras el “hueso”..

El pueblo de la democracia es el mismo que asimiló bien la corrupción desde los tiempos del PRI, que soportó y se prestó al juego de simulación y mentira y violación de la ley. México es y ha sido el pueblo sin ley.

Hace algún tiempo, monseñor Esaú Robles, obispo de Zamora señalaba con claridad que los mexicanos no tienen el sentido del deber ante la ley, la ley no es sagrada para ellos. Los delincuentes, si no los agarran, se quedan tan orondos, tan quitados de la pena, vaquetones. Es un pueblo corrupto en su cultura, deformada su conciencia moral.

Para vencer la corrupción hay que cambiar el alma del mexicano, darle conciencia moral. Sus gobiernos han sido pragmáticos, sin una jerarquía de valores, sin referencia a un código de ética.

Los gobernantes en sus planes de gobierno y “transformaciones” no tienen la referencia de un código de ética. Tal vez en su retórica, se arropan en los valores éticos, pero en los hechos no tienen conciencia moral ni virtudes ni un código de ética ni orden moral.

No basta cambiar el gobierno, hay que cambiar el pueblo, transformarlo desde su ser más íntimo, desde su alma.

La sociedad actual es decepcionante, ofrece un panorama deprimente. La cirugía que se necesita es radical, hacer el transplante de un corazón nuevo.

Cristo es hombre y Dios, es de otra especie, está más allá de las especies.

Es Dios santísimo pero se hizo hombre, igual que los hombres pero se hizo obediente al proyecto de Dios expresada en la ley, hasta la muerte y muerte de cruz.

Cristo, por lo mismo, descubre la corrupción congénita de la clase poderosa del pueblo, corrupta hasta el fondo, necia y soberbia, que no puede ser curada porque no acepta su cáncer, su maldad.

Cristo enfrenta a la clase política, con sus distintos partidos: los fariseos, los saduceos, los sumos sacerdotes… Se entrega a la muerte como víctima inocente. El establishment, las estructuras de poder lo aplastan de la forma más dolorosa, vergonzosa. Era un desecho, ya no tenía forma humana.

Hemos triunfado, pensaron los corruptos poderosos, creyeron su victoria definitiva.

Pero el poder de Dios justo, el señor de la ley tiene la última palabra y los poderosos se ven derrotados y se quedan en su corrupción, sumidos en su falsedad y su inmundicia, en su retórica inflada y frustrante, en su poder envenenado, de muerte y frustración y odio, en su lodazal insoportable y falaz. Es la desesperación y rechinar de dientes de los poderes infernales, enquistados en el poder.

Son como un rebaño destinado al matadero, a la muerte eterna.

¿Qué tenemos que hacer para no naufragar en la inmundicia y salvar al país?

Hay que resistir al oleaje oscuro, sangriento, fétido, estar de pie. No podemos soltar los valores: la verdad, la justicia, el bien común, la persona como valor central.

Debemos resistir a las modas satánicas y ser virtuosos, honestos, sinceros, libres de bajas pasiones y deseos brutales, debemos serviciales y humildes, sin el coronavirus del dinero.

Urgen hombres nuevos, pertenecientes a la especie nueva de los hombres que murieron al mal, siguiendo a Cristo y han resucitado una vida nueva, a una condición nueva, sin corrupción política, social.

Semana Santa en la ola de la corrupción (Por: Mateo Calvillo Paz)

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