El Evangelio Hoy: ¿Anda el demonio en las campañas?

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El autor es el Presbítero Mateo Calvillo Paz, vocero episcopal y colaborador de diversos medios de comunicación locales, regionales e internacionales

El autor es el Presbítero Mateo Calvillo Paz, vocero episcopal y colaborador de diversos medios de comunicación locales, regionales e internacionales

En el mundo existe el mal, obra del Maligno. Para entender la corrupción y la ambición de poder, hay que detectar su presencia.

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Morelia, Michoacán, 10 de junio de 2018.- En tu vida. Juan tiene vecinos que faltan con frecuencia a misa, y cuando van están distraídos y aburridos, como ausentes, lejanos.

Son como los judíos que veían a Jesús desde muy lejos, sin entrar en contacto, indiferentes, no entraban en la experiencia de la salvación.

Dios habla. Dios creó un mundo sin crimen, pero desde el principio se introduce el mal, obra del maligno que tiene pretensiones de ocupar el lugar de Dios y tener su palabra creadora.

El demonio era soberbio y se rebeló contra Dios, quiso ser como El. Introdujo la soberbia y la maldad.

El demonio es un iluso, se cree un dios y enseña a los líderes esas pretensiones.

La historia de la salvación es esta confrontación entre el bien y el mal, la lucha se presenta en cada momento de la historia, en cada lugar. No podemos entender la vida de los hombres y de las naciones sin la presencia del mal.

En el Génesis afirma Dios: “pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya; y su descendencia de aplastará la cabeza, mientras tú tratarás de morder su talón”.

Es la lucha entre el bien y el mal que acabamos de señalar. La mujer es María, la Inmaculada madre de Dios. La descendencia es su Hijo, el hijo de Dios que viene a salvar a los hombres, la serpiente es Satanás.

El mal es corrupción, impunidad, es una historia larga como la existencia humana. Dios tiene un plan secreto para vencer las fuerzas del mal, lo va descubriendo y realizando progresivamente.

En el tiempo definitivo, fijado por Dios, se libra la batalla decisiva: el Padre envía a su hijo para salvarnos del mal y darnos los bienes verdaderos.

Es increíble, muchos hombres le venden su alma al diablo y se alían con él y, por una retórica hábil y mentirosa satánica, promueven el mal entre los hombres.

Son los aliados diabólicos que atacan a Jesús, Hijo de Dios cuando expulsar demonios. “Los escribas y fariseos que habían venido de Jerusalén decían acerca de Jesús: este hombre está poseído por Satanás, príncipe de los demonios por eso los echa fuera”.

La corrupción, causa de asesinatos, robos, injusticias para con los pobres y tantos crímenes que se cometen entre nosotros es manifestación del poder del Mal. En su influencia, multitudes incontables son arrastradas y y dan su preferencia a falsos mesías. Es la seducción del mal.

Al poder del Mal sólo lo vencemos con Jesucristo, el gran líder, más fuerte que Satanás, lo expulsa del corazón de los endemoniados que, de alguna forma se multiplican entre nosotros.

Jesucristo no arroja los demonios por el poder de Satanás, sino por su fuerza divina. En él no hay maldad ni engaño. El poder de Dios vence al poder de Satanás. “Nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y llevarse sus cosas si primero no lo ata”.

Nuestra crisis es de maldad porque formamos “frente” con el Mal y los que engañan y perjudican a los pobres sin dinero ni voz.

En la convivencia social es necesario arrojar a los demonios con el poder de Jesucristo: la falsedad, engaño, soberbia, los intereses perversos que causan el crimen y el sufrimiento de las multitudes. Con la luz de Cristo, sabremos detectar a los malvados que buscan el poder.

Necesitamos volver a Cristo, escucharlo largamente en la oración, la misa, así tendremos su mirada penetrante, para no darle poder a la Bestia del Apocalipsis.

Vive intensamente. Necesitamos conversión, para seguir a Jesús como maestro, cumplir la ley, ser sabios.

Cristo con nosotros. Cristo viene a nuestro encuentro, nos alimenta con su palabra  y con los signos de pan y vino.

Para platicar en familia. Cristo es el maestro para toda la familia, te enseña a cumplir los mandamientos.