Editoriales

El Evangelio Hoy: El mandamiento que cambia a los corruptos

La desgracia de los mexicanos es que ha dejado a Dios y su santa ley. Es necesario convertirse a Dios y cumplir su mandamiento.

Morelia, Michoacán, 14 de julio de 2019.- En tu vida. En vez del amor practicamos el odio, asesinatos, rapiñas. Vivimos en un infierno de pecado, dolor, confusión.

Dios Habla. En la historia de la salvación y en tiempo de Moisés se profetiza la revelación plena de la ley. “Escucha Israel la voz del señor tu Dios que te manda guardar los mandamientos”. Esta ley está cercana, en los labios y el corazón, finalmente es Cristo quien la pone en el corazón y la lleva a su máxima perfección y exigencia.

Cristo hace una gran revelación del proyecto de Dios y entrega la expresión más acabada de la ley. Establece sin ambigüedades el mandamiento más grande de la ley: “amarás al señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas sus fuerzas y con todo tu ser…”

Es el mandamiento fundamental que descuidamos y nos andamos por las ramas, cuidándonos de no faltar a misa los domingos y de los pecados relacionados con el sexo, lo que está bien pero no es lo central.

Los Santos y los justos han comprendido este mandamiento y aman a Dios sobre todas las cosas, están dispuestos a dejar todo por Dios como Francisco de Asís o el santo adolescente José Sánchez del Río.

Muchos católicos no entran en esta dinámica y le dan a Dios las sobras, algo que no les compromete. Se reducen a ser pediches y el cumplimiento de algunas tradiciones y devociones.

El que ama a Dios, ama a sus hijos los hombres también. Jesucristo hace una gran revelación muy rica y progresiva de este amor al prójimo al grado de identificarse con los más pobres e insignificantes de los hombres. “Cuando lo hicieron con uno de estos hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron”.

Jesús añade la segunda parte del gran mandamiento “amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

Con su vida y su predicación el señor pone de manifiesto, explicita este mandamiento central en su reino, el camino seguro para llegar la fiesta del cielo… según San Mateo, seremos juzgados en el tribunal, en el juicio definitivo después de la muerte sobre este mandamiento del amor al hermano. 

La vida de Cristo es una manifestación de este amor con los pobres, los enfermos hasta entregarlo todo, la vida misma por amor a los hermanos para rescatarlos del poder del Maligno. Entrega su vida su tiempo y termina derramando su sangre por sus hermanos los hombres.

La vida de Jesús es una maravillosa parábola y profecía de este amor a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo. Es testigo luminoso de amor y cumplimiento del mandamiento.

Aquí tenemos el secreto para vivir la fe de Jesucristo, es necesario asistir a misa y rezar, celebrar las fiestas, las tradiciones, pero si no transformamos la vida personal y social con el amor divino, nos falta un elemento esencial, hacer vida el amor de Dios y el amor al prójimo.

Debemos amar a los hermanos, de la sangre, en la fe dando lo mejor de nosotros mismos, dar todo por los que son asaltados, asesinados, ofreciendo nuestra vida y bienes materiales para venir en su auxilio.

Vive intensamente. Necesitamos convertirnos y vivir la riqueza de la fe como Cristo manda, siguiendo su ejemplo.

Cristo está aquí. Nos da la energía para cumplir su mandamiento, nos alimenta con su Palabra, su cuerpo y su sangre.

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